De niña a puta

De niña a puta

Aquel día Silvia decidió no ir al picnic con su familia, no estaba de humor para salir, como es clásico en las adolescentes de 14 años. Su hermano, rick no fue al picnic puesto que ese día el iba a ir con su novia a dar un paseo a otro lado. Eso dejaba a Silvia sola en la casa. Silvia ya tenía mucho tiempo que había comenzado a sentir ciertas ganas de hacer algo, pero ella aún no sabía que eran esas ganas exactamente. Mientras estaba en el sofá, quiso ver que eran esas ganas que sentía, hizo que su mano rozara su calzón a lo que ella sintió un cosquilleo que no era el mismo cosquilleo que su mamá le hacia. Este era un cosquilleo especial, era algo que ella no había experimentado, pero que en ese momento quiso ver que se sentía. Entonces sintió algo caliente dentro de ella y con sus manos comenzó a frotarse sobre su calzón, era una sensación extraña pero al mismo tiempo placentera. Fue la primera vez en su vida que ella gemía de placer. Pero algo andaba mal, no era suficiente, tenía que ir más allá. Se quitó la blusa y su brassier, con sus manos comenzó a frotar sus incipientes pechos los tomaba y luego los estrujaba, gemía cada vez con más intensidad, una mano se deslizo hasta sus labios y los frotó suavemente, metió su dedo medio y comenzó a chuparlo, lo saco de su boca humedecido con saliva y lo bajo hasta su pubis, metió su mano por debajo del calzón y llego a sus labios vaginales. Al llegar a esta zona, un pequeño frote fue suficiente para que por su cuerpo pasara una descarga eléctrica que la dejara aún más caliente. Se bajo los calzones y por fin quedo por completo desnuda, era una chica hermosa, aún no se desarrollaba por completo pero ya era hermosa.

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Estaba tan caliente que su concha ya estaba húmeda, metió una vez más su dedo a su boca lo chupo como toda una puta profesional y luego lo metio en su coño, su cuerpo se retorcía del placer, se recostó sobre el sofá y abrió las piernas mientras continuaba con su dedo dentro de ella. Con su otra mano estrujaba sus senos y seguía experimentando un enorme placer. Pero aún no era suficiente, ella necesitaba más. Más de esa nueva experiencia. Se detuvo y se dirigió a la cocina, abrió el refri y tomo una salchicha, sus manos temblaban de la excitación que tenía, tomo la salchicha y de inmediato la metió en su boca, como si estuviera mamando una verga real. Mientras que con su otra mano continuaba metiéndose el dedo en su coño. Una chispa en la cabeza y pensó en algo aún mejor, se dirigió ahora al cuarto de su hermano y busco en uno de sus cajones, en donde sabía que guardaba los condones. –aquí esta-. Lo tomo y se fue al sofá de nuevo a recostarse. Su corazón latía a mil, sus pupilas estaban dilatadas, su lengua estaba fuera de su boca, su cuerpo entero temblaba. La sola idea era demasiado para ella, esa era su primera vez, con solo abrir el empaque del condón, estuvo a punto de tener su primer orgasmo en su vida, pero se controlo. –no aún no-. Desenrolló el condón mientras se lo ponía a la salchicha que tenía en su mano. Una vez con el condón en la salchicha se recostó en el sofá y de nuevo abrió las piernas. Primero se metió la salchicha en la boca ahora con el condón puesto imaginando lo que sienten las putas de adeveras cuando la maman, el sabor del látex le pareció excitante, -ahora si chupo una pija de adeveras- pensó. Después de mamar la salchicha con los ojos cerrados y con una mano frotando sus labios vaginales la sacó de su boca y apunto hacía su concha. Con su lengua aún saboreaba el sabor del látex en sus labios, era el momento de perder su virginidad. De sacar a la puta que todas las mujeres llevan dentro, a convertirse en lo que realmente son. Era el momento de venderse, de ser lo que estaba destinada a ser. Tomo con su mano fuertemente a la salchicha mientras que con dos de sus dedos abria sus labios vaginales y lentamente introducía la salchicha hacia su interior. Ella imaginaba a un hombre tomándola y metiéndole la verga en su coño. Una verga con condón, su excitación ya había llegado a la cúspide, era el momento. Tomo aire y metió toda la salchicha en su vagina –aaaaaaaaaaahhhhhhhh- la metía y la sacaba, una y otra vez, con otra mano se acariciaba todo el cuerpo, pasaba sus dedos por sus labios, se acariciaba el cuello, si tetas, con más fuerza continuó el mete-saca de la salchicha. Fue entonces cuando lo comenzó a sentir, algo nuevo salía de sus entrañas, nunca lo había experimentado, era un río que empezaba a fluir dentro de ella, -ahhhhhhhhhhhhhhhhh- la inundaba por completo, su primer orgasmo había llegado, en ese momento se había graduado como una puta más en este mundo.

A la semana siguiente fingió una diarrea para no ir a un balneario con su familia, pretexto que utilizó para repetir su excitante experiencia. Realizó de nuevo todo el procedimiento, salchicha, condón, pero algo no andaba bien. Ya no sentía lo mismo que sintió al principio. Ahora necesitaba más, algo nuevo. Fue entonces cuando tuvo otra idea, aún más excitante que la anterior. -Por el culo- Silvia se puso a gatas en el sofá y mientras su dedo estaba frotando sus labios la salchicha con el preservativo intentaba entrar por el esfínter rosita y apretadito de ella, -no entra, ¿Por qué?-. Pero por mucho intento que hacía por conseguir que entrara no lo conseguía. Estaba demasiado apretadito. Y de pronto otra chispa le ilumino el cerebro. Se dirigió a la cocina y tomo el frasco de aceite para cocinar. De nuevo su excitación estaba a tope. Lo destapo y untó a la salchicha con el aceite, luego se puso hincada con su estomago apoyado sobre el sofá y vertió el aceite sobre su culo, con un dedo se lo embarraba bien sobre su esfínter hasta que sintió que su dedo entraba sin ninguna dificultad. Después metió dos de sus dedos, y fue cuando sintió algo de dolor, pero que no le dio mucha importancia. El dolor la excitaba aún más. De nuevo tomo la salchicha con trabajo puesto que estaba muy resbaladiza y se la metió por el culo, -ahhhhh- era una sensación aún más placentera que la anterior. El dolor mezclado con el placer. –ahhhhh-.
Su transformación a una puta barata estaba por completarse.
Al siguiente fin de semana, inventó que iba a salir con unas amigas para estudiar, y así una vez más no fue con su familia al zoológico.
Repitió el procedimiento anterior, salchicha, condones, aceite, culo, pero algo no andaba bien, ya no sentía lo mismo. Ahora necesitaba otra cosa. Se frustró cuando se dio cuenta que ya no tenía ningún agujero a donde meterse. Pero de nuevo una chispa de inteligencia y una excitación tres veces mayor que las anteriores. Incluso de la idea que tuvo estuvo apunto de tener el orgasmo. Fue corriendo al directorio telefónico y busco el nombre. Tomo el teléfono y con una excitación que apenas y la dejaba hablar marco.
-agencia geisha, buenas tardes-
-ho..ho…hola, es,,este, quiero trabajo-
-que edad tienes?-
-19-
-como eres?-
-soy blanca, de cabello castaño, delgada-
-tengo un servicio ahorita, un carro te va a esperar en las calles………..

El corazón iba a salir del cuerpo, era inevitable, lo había conseguido, por fin, sabría lo que es ser una puta de verdad.
Rápidamente se vistió, se maquillo como su madre, para aparentar la edad que decía y salió a las calles donde la iban a estar esperando. Sentía que le faltaba el aire, se sentía muy pesada, su cuerpo sudaba. Era la primera vez, era su primera vez, mezcla de emoción y nerviosismo, y algo de miedo.
-ahí esta-
Era el auto que le dijeron, color negro, con los vidrios polarizados. Ella se acercó al auto y la puerta delantera se abrió, una voz de dentro le dijo que ya era tarde que se subiera, el cliente estaba esperando.
Ella por unos instantes dudo, pero su instinto de puta pudo más que ella y por fin aceptó, subió al auto. El sujeto que estaba al volante era un tipo gordo y feo, vestía una chaqueta negra de piel. – ¿A donde vamos señor?-
-Tu a dar las nalgas y yo a ganar dinero- dijo una voz que venía del asiento trasero. Silvia quiso voltear, pero un pañuelo con cloroformo chocaba contra su rostro. –mmmmmmmmppppppppphhhhhhhhhhh-. Mientras Silvia caía en la oscuridad de la inconciencia, su mente tuvo un último pensamiento, “eres estupida”.
La familia de Silvia la buscó por todas partes, la buscaron durante 6 años, hasta que recibieron una carta que decía:
“Mamá, papá, ya no me busquen más, yo ya no soy su hija. Ahora soy lo que siempre quise ser: una puta.”

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