Puse la cámara en una esquina, ella me esperaba feliz en la cama, ansiosa de que mi polla entrara en su chocho, ansiosa de sentir mis manos, mi respiración, mis labios recorriendo su piel fresca. Le quité la minifalda, sus bragas negras, se había depilado, tenía el chocho suave y caliente.
Le metí el dedo en la vagina, le froté su punto G, le lamí el clitoris, estábamos con la radio a todo volumen para que nadie más que yo la escuche gemir, la escuche gritar de placer pidiendo más, implorando por más polla, por más placer.
Encontrar rubias tan buenas como esta no es fácil y que les guste comer pollas gigantes mucho menos. A esta no le importa que le metan un rabo de gran tamaño así se le desgarre el coño, ella l...
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