La secretaria está tan buena que no podemos culpar a Mario por desearla. Al contrario, toda nuestra solidaridad con un abnegado jefe que además de todas las presiones del día tiene que sentir la erección de su polla al ver entrar a ese bomboncito delicioso, con esa minifalda apretada, con ese culito de ensueño que a toda hora antoja meterle un buen apretón, darle polla en cualquiera de las posturas.
Coño, es toda una hazaña, un acto heroico tener que verla y contener las ganas de arrancarle la ropa para meterle la polla por la boca hasta la garganta, que se la trague toda hasta terminar, que se coma todo el semen con una mirada pervertida y coqueta. Coño, por eso no podemos culpar a Mario de haber conseguido por fin liarse con la secretaria, aunque trabajo y sexo no deberían mezclarse, esta es una grandiosa excepción.
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